Se supone que la educación es un derecho al que todos deberían acceder sin ninguna excepción. Somos testigos de que las autoridades recién elegidas siempre se refieren a este aspecto con total seguridad, pero en realidad esa voz no se hace escuchar en todos los lugares. Cada vez se conocen miles de injusticias, pero también vemos que las autoridades respectivas se hacen oídos sordos a esos reclamos.
En realidad, por más que las instituciones sean estatales, de todas maneras es necesario dar una determinada cantidad de dinero. Sobre todo cuando se requieren de nuevas herramientas para la enseñanza y mejorar la implementación en las diversas áreas de la escuela. Además, en la mayoría de casos, el apoyo del gobierno no es el adecuado y, por ello, se hace necesario establecer un cobro mínimo.
Pero, en estas circunstancias, también se debe evaluar la realidad de aquellos estudiantes que sólo tienen dinero para comer, vestirse y tener un hogar. Ellos aún dependen de sus padres y se matriculan en una escuela con la esperanza de que recibirán una educación sin costo alguno. Lamentablemente se dan cuenta que esa posibilidad muchas veces es absurda, ven que el dinero es un factor importante y que no reciben la ayuda necesaria.
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